martes, 15 de mayo de 2012

Necesito... ¡Velocidad!

La espera se hace eterna. Luego, llegado el momento, cuando suena la alarma, perezoso piensas:

- ¿Y si me doy media vuelta?

Y es que madrugar un festivo puede, además de parecer una estupidez a la mayoría de los mortales, resultar duro durante los cinco a diez segundos que tardas en desconectar el ruidito infernal del móvil. Pero luego en la calle, llueva o no, haga frío o calor, te olvidas de “esos duros momentos”. Te reúnes con tu gente y os ponéis al día mientras pedaleáis por el asfalto hasta sustituirlo por terreno más afable. Ya en la montaña las subidas son duras si las miras con actitud pesimista y vertiginosas contempladas desde arriba. Pero si hay que subir, se sube y con la motivación de que quizás esta vez podrás superar tus propias marcas, autoimpuestas por supuesto, hasta suele resultar ameno. Mientras tanto, salida tras salida vamos observando cómo los desniveles acumulados tanto positivos como negativos parecen ir perdiendo grados de inclinación a medida que el cuentakilómetros suma recorrido.

Y cuando la ruta marcada ya no nos permite ir más arriba, llega mi momento de clímax. Mis compañeros suelen coincidir:

- ¡Tú primero!

Suelto el freno, me dejo caer y ¡tachan!; cualquier pensamiento, bueno o malo no tiene cabida en mi cabeza a partir de ese momento, pues simplemente he de estar pendiente del descenso, con todos mis sentidos implicados única y exclusivamente en eso… ¡bajar a toda velocidad! ¡Son momentos de libertad absoluta!

Necesito... ¡Velocidad!

Después, durante los pocos kilómetros civilizados hasta volver a casa, el asfalto parece adherirse a los neumáticos de manera sorprendente, y es que según cómo las bajadas resultan igual si no más duras que las subidas. Si contamos con que además todo lo que hemos bajado también lo habíamos subido... Y lo más curioso de esto es que al poco de llegar a casa, ya no veo llegar el momento de tener que volver a parar “la dichosa melodía” Great Balls of Fire de Jerry Lee Lewis, que tengo puesta  por que además de transmitirme energía, me recuerda a una película en la cuál los protagonistas decían la famosa frase:

- Necesito... ¡Velocidad!

¿Acertaste? Claro, la película era Top Gun Guiño

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5 comentarios:

Es exactamente eso, con una diferencia, aquí no tengo asfalto :)

¡Oooohhh Oscar! ¡Qué envidia! Dan una pereza esos últimos kilómetros por la jungla de asfalto...

Una buena forma de liberar tensiones, adrenalina, estrés y todas esas cargas de hoy en día.

Pocas personas entienden eso de levantarte temprano para hacer ejercicio, yo aprendía a hacerlo y te llenas de energía para todo lo que resta del día...además de la satisfacción de haber realizado un deporte ;)

Ha sido como un viaje en el tiempo, yo también hice eso mismo alguna vez...aunque yo bajaba como un loco por asfalto...cuando tocaba tierra era porque había salido despedido en alguna curva...creo que algún golpe en la cabeza de aquella época es el culpable de algunos de mis desvaríos (por aquel entonces los cascos sólo los llevaban los municipales que regulaban el tráfico) :-P

Se nota que disfrutaste del chute de adrenalina, enhorabuena! :-)

Salu2

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